HAPPY KIDS TE INFORMA……………….                     15  de  Mayo

Cooperar implica trabajar juntos, tomar parte de algo con otros para alcanzar un fin común. La cooperación tiene una doble dirección, una reciprocidad: yo beneficio a los demás y ellos me benefician a mí. Cuando se trata de favorecer al otro nos referimos a la ayuda y esta tiene una sola dirección: yo ayudo a otro y el otro es ayudado por mí.

La formación de este valor es esencial para la convivencia y su desarrollo necesita del esfuerzo de familiares y educadores por que el proceso de aprendizaje de la cooperación es largo, requiere mucha paciencia y comprensión y el conocimiento de las particularidades propias de los niñ@s a estas edades.

Educar para  la cooperación supone estimular el desarrollo de ciertas actitudes y capacidades del niñ@, destacando aspectos como los siguientes:

  • Desarrollar la conciencia de formar  parte del grupo (familia, clase, amigos, trabajo, equipo, etc.) y de sentirse unido a los otros y compartir sus objetivos.
  • Compartir sin esperar reciprocidad
  • Estar abierto y disponible para los demás
  • Colaborar activamente contribuyendo al bien común sin demandar recompensas individuales
  • Aumentar progresivamente la habilidad de empatizar con los puntos de vista de los demás
  • Fomentar las capacidades de participar del bienestar de otros, de autocontrol, de negociar, de resolver conflictos de forma positiva, de compartir el triunfo y aprender del fracaso, de ceder sin someterse, etc.

Desde que el niñ@ nace debe aprender a vivir en sociedad, establecer vínculos con las personas de su entorno porque lo necesita para subsistir. El pequeño tiene una tendencia innata a la socialización sin embargo el egoísmo también forma parte de su naturaleza humana, ya que le sirve para cuidarse y protegerse a sí mismo. Para llegar a cooperar es necesario adquirir conciencia de la propia individualidad y de la de los otros, solo de ese modo puede existir la interrelación.

La cooperación debe estimularse  desde las primeras edades, donde las conductas insolidarias y egocéntricas son frecuentes. A medida que el entorno empieza a moldear la personalidad en desarrollo del niño y realiza acciones a favor de los demás, el egocentrismo inicial va dando paso a una conducta cooperadora.

Para formar las premisas que servirán de base para el aprendizaje  de este valor es necesario promover la realización de múltiples actividades en las que sea preciso coordinar acciones para realizar un trabajo conjunto, prestar ayuda a otros para alcanzar un fin común, sentir alegría colectiva por el logro de un resultado, apreciar el refuerzo en momentos difíciles, defender a los compañeros y ayudarlos cuando se encuentran en dificultades, etc.

Es importante:

  • Exigir a los niñ@s  un grado de cooperación adecuado a su madurez (recordando siempre que esa cooperación no ha de ser mayor de las que nos exigimos a nosotros mismos) 
  • Es necesario que sientan nuestra comprensión sobre las limitación y su egoísmo, pero esto no implica renunciar a solicitar su voluntad  de cooperación 
  • La mejor manera de educar para la cooperación es cooperar con ellos. Los pequeños tienen diferentes formas  de pedir nuestra colaboración: con palabras, gestos, silencios, invitándonos a jugar, etc.

Imponernos a ellos con superioridad fomenta las luchas de poder y por tanto la indefensión de los pequeños. Podemos ejercer nuestra influencia por medio de normas de convivencia compartidas.

 Es importante planificar en la familia las rutinas y las responsabilidades compartidas y propias. Procurar la participación de todos al exponer los problemas, buscar posibles soluciones y adquirir compromisos comunes. 

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