¿PODEMOS PREVENIR LA AGRESIVIDAD?

HAPPY KIDS TE ENSEÑA
GRUPO: ABEJITAS FECHA: 25 DE SEPTIMBRE DEL 2020

Posiblemente, una de las mayores dificultades con la que se encuentran los padres es saber cómo reaccionar y tratar las conductas agresivas. Cuando comprueban o son informados por la educadora de que el niño, que es su dulce angelito, ofrece un repertorio de gritos, empujones, manotazos, arañazos, tirones de pelo,
patadas o mordiscos, ¿qué pueden hacer?


Es el momento de reflexionar y buscar soluciones conjuntas (familia-escuela) y no de buscar culpables.
Además, conviene comprender que, para la educadora, una de las tareas más ingratas de su trabajo es la de explicar al padre o a la madre que el niño ha mordido o ha recibido un mordisco de otro compañero.


El entorno familiar es el principal lugar de la socialización del pequeño, así que es imprescindible que en este ambiente se siente aceptado, protegido y amado incondicionalmente. Pero también es el lugar donde, a través
de la imitación, el ensayo y error, desarrolla las actitudes y el comportamiento, incluidas las conductas agresivas.

Los progenitores exigentes, autoritarios y con actitudes hostiles en familia, los que constantemente amenazan, desaprueban, castigan y retan, fomentan que el niño imite el mismo comportamiento para resolver los conflictos que le surgen.
De igual modo, los resultados son parecidos cuando el pequeño tiene padres excesivamente permisivos, que le dejan hacer cuanto le plazca, pues el niño se convierte, poco a poco, en un pequeño tirano caprichoso.


También ocurre lo mismo cuando los padres son demasiado sobreprotectores y le ofrecen de inmediato todo lo que desea de modo que no dispone de una mínima tolerancia ante las frustraciones que implica la relación con iguales.
Tampoco podemos descartar otros factores, como los orgánicos, que tienen influencia en las conductas agresivas: los problemas frecuentes de salud, una alimentación incorrecta, las alteraciones del sistema hormonal o del nervioso (central y vegetativo), las molestias de la dentición, etc.

Hasta el momento de su escolarización el niño ha tenido un contacto con iguales limitado a unos ratitos en el parque, con hermanos o primos en las reuniones familiares o con los hijos de algunos conocidos. En estas ocasiones esporádicas, siempre suele haber adultos que dirigen los contactos. La verdadera relación social
diaria con iguales comienza en el momento de la escolarización. Acostumbrado a ser el centro de atención de la educadora o la posesión de juguetes, y pueden aparecer comportamientos más agresivos que en el entorno familiar.


Durante el primer año y medio aproximadamente, el niño, ante cualquier conflicto, llora para que el adulto lo resuelva. En este periodo de edad, hay niños que muerden para aliviar las molestias de la dentición, en ocasiones, para manifestar afecto porque la boca está relacionada con las muestras de cariño.
Desconocen que morder tenga consecuencias negativas hasta que los adultos se lo hacen entender. Debemos explicarle que los mordiscos y manotazos hacen daño, mostrando gestos de disgusto y enseñarle el modo de dar besos y abrazos como muestra de afecto.


A partir de los dieciocho meses, el niño evoluciona en independencia e intenta resolver los conflictos relacionales solo. Sin embargo, su nivel de lenguaje aun es limitado y, cuando otros niños le quitan los juguetes, suele reaccionar de manera impulsiva y “violenta”, bien tirando del objeto o dando un manotazo, un empujón,
un arañazo o un mordisco. Aunque también hay casos en los que reaccionan pidiendo ayuda al adulto o ignorando el problema (o sea, se dejan quitar el juguete).
Es importante comprender por qué el niño pega, araña o muerde, pero eso no significa permitir o fomentar este tipo de conductas. Hay que decirle “no” con un tono firme de desaprobación, pero tranquilo. Excepto en el caso de desaprobación, pero tranquilo. Excepto en el caso de estar seguros de que la motivación de la
conducta está provocada por el deseo de obtener atención, hay que hacerle saber que nos disgusta el que haga daño a otro niño, que entienda que debe pedir perdón y que de un beso.


No hay que prestarle atención extra por el comportamiento a agresivo porque entonces lo que repetirá siempre que desea atraer la atención. Los cinco minutos siguientes al comportamiento agresivo, no hay que jugar con el niño ni tomarle en brazos ni permitirle que este junto al niño o adulto al que ha agredido. No hace falta gritar ni hacer aspavientos, se trata de que asocie su conducta negativa con el cese de actividad y de que se aburra por un rato viendo que los demás siguen con su actividad normal.


Esta desaconsejado totalmente el azote, pegarle en la boca, castigarle en un cuarto cerrado y emitir juicios de valor personal. Si el niño observa agresividad en los adultos, imitara estas conductas. Además no hay que olvidar que el objetivo es corregir su comportamiento, no hacerle pasar un mal rato.


La mejor forma de evitar estas conductas agresivas es prevenir. Los padres afectivos, que exteriorizan sentimientos y emociones propias, ayudan al niño a comprender los sentimientos de los demás y le indican la forma correcta de resolver conflictos. Le están ofreciendo la mejor base para una educación en valores y relaciones humanas.

Manuela Corrales Peral, Rosa María Peral, Rosa María
Iglesias Iglesias, Marisol Justo de la Rosa, María Teresa
Sánchez Cordero, 2009.de esta edición Editorial Luis
Vives 200

ESPERAMOS QUE ESTA LECTURA SEA DE AYUDA Y AGRADO PARA BENEFICIO DE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS Y NIÑAS .

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